Está comprobado: la música influye de manera significativa en el sabor de lo que comemos. Muchos estudios, en distintos lugares del mundo, se han realizado para demostrarlo. No solo la percepción del sabor se afecta por la música que escuchamos mientras comemos, también el apetito se modifica.

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Charles Spence, profesor de psicología experimental de la Universidad de Oxford, dice que esta relación de la música y la preferencia de los alimentos funcionan porque el cerebro se engaña al recibir ciertos impulsos eléctricos que hacen percibir un sabor más salado, dulce o amargo de lo que realmente es.

“Un platillo puede parecer hasta 10% más dulce cuando el sonido es agudo y bajo. Mientras que con los graves y altos se percibe más lo salado, amargo o condimentado. Esta evidencia podría ser lo suficientemente fuerte para impactar de manera positiva en la salud”, considera Spence

“Tus alimentos te pueden gustar o no según la música de fondo que estés escuchando. Por ejemplo, el jazz provoca mayor gusto por los alimentos dulces y aumenta cuando la melodía es interpretada por un solista, pero esto no sucede con alimentos condimentados o picosos, asegura Thomas Hummel, investigador de la Universidad Técnica de Dresde, Alemania.

Las melodías también evocan recuerdos. James Petrie, chef del restaurant británico Fat Duck, observa que cuando sirve a sus comensales un platillo exclusivo del mar y escuchan música con sonidos del mar, ellos afirman que el sabor de la comida es más fresca. Incluso algunos caen en llanto por los recuerdos que les evoca esta combinación de sabor y sonido.

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Algunas canciones recomendadas para acompañar los alimentos son: “New Town Velocity” de Johnny Marr para desayunos; “Somewhere Only We Know” de Lily Allen o “A Sky Full of Stars” de Coldplay para platillos fuertes. “Ray of Light” de Madonna y “Nessun Dorma from Turandot” de Plácido Domingo para postres y café.

¿Os animáis a probarlas?

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