A continuación tenéis una fabulosa crítica de Ángel Sanchidrián al vídeo musical de Ylenia titulado “Pégate”. Lo he leído, copiado y pegado, esfuerzo más que suficiente para semejante obra de arte. Os recomiendo que leáis la crítica antes de ver y escuchar el vídeo:

Tras su participación en programas culturales como Gandía Shore y Gran Hermano, donde nos ha regalado toda clase de encantadoras situaciones como insultar a los viandantes abrazada a una farola o caerse de bruces, borracha como la fregona de una sidrería, enseñando a cámara el fruti di mare, la gran artista de variedades “La Ylenia” ha decidido entrar en el panorama musical actual, que la esperaba con los brazos abiertos. Para ello ha querido probar fortuna en el complejo mundo del reguetón y el electrolatino, los géneros musicales preferidos por aquellos que suman con los dedos.

Consciente de la importancia del apartado audiovisual para el éxito de sus composiciones, la virtuosa ejecutante ha optado por un sofisticado minimalismo y ha grabado el vídeo en el garaje de su cuñado, consiguiendo crear esa atmósfera poligonera donde ella se desenvuelve con la soltura de una choni sobre el capó de un Seat Ibiza. En tan sobrio decorado han colocado, además de dos focos de helicóptero, una turbina gigante que ayuda a la estrella a repetir constantemente el gesto de poner morritos, también llamado en Física el “efecto mamasopla”, que resulta de aplicar a la persona que coquetea un ventilador en la cara y una aspiradora en el esfínter.

En cuanto a la indumentaria, la Ylenia muestra una gran preocupación porque la ropa se conjugue con los demás elementos artísticos, de modo que se ha vestido con los descartes de media blusa y con un pantalón corto que se le clava en los párpados del gominolo (una prenda que luce tan ajustada que si cierra las piernas se le salen los ojos de las cuencas). El espectador perspicaz podrá oír cómo le maúlla el gato cada vez que los muslos dejen de estar en contacto. La talentosa cantante, referente ético y estético de la juventud más pizpireta, quiere de esta manera vender de sí misma la imagen de muchacha vivaz y pitusa que siempre tiene un pepino en el frutero.

Pero no contenta con la exhibición de su portentosa cualidad vocal, la Ylenia también quiere demostrar su gran conocimiento y dominio de la danza clásica con espectaculares pasos de baile como “me agacho y saludo”, “te miro y me muerdo un dedo”, “me revuelvo el pelo como una cabra sarnosa”, “me azoto con la mano como el rabo de una vaca” y “junto los brazos para que se vea que no ando manca de tetas”. Virguerías todas ellas al alcance únicamente de unos pocos peritos danzarines.

Tanta es su destreza coreográfica que en el vídeo le han puesto a un señor detrás para que ella se incline como un flexo y le refriegue el ravioli por el pubis. Porque aquí prima en todo momento una exquisita sensualidad propia de un bar de transportistas. Un refinamiento que también se aprecia en su riqueza gestual, pues delante de la cámara la Ylenia despliega con maestría sus dos registros interpretativos: la cara de cachorrito confuso y la cara de querer que le den su ración de patatas bravas. Una asombrosa sucesión mímica que concluye, para despedir el videoclip, con la artista mirando al espectador y parpadeando como el router.

Todo este torrente de calidad nos conduce inevitablemente hasta la letra de la canción, que por su mimado lirismo nos hace pensar en que su autora sea la mismísima Ylenia, esa gran comunicadora que ha regalado al castellano expresiones como “un besi” o “hasta nunqui”. En el tema “Pégate” encontramos una sucesión ininterrumpida de versos esmerados como “la cosawena” (que debe de referirse a las partes de la anatomía de presencia jugosa y gusto salado), “¡Ye!” (interjección empleada por los pastores para llamar al rebaño a refugio seco), “siento que me esito” y “acarisien”, todo ello en un tono caribeño muy acorde, pues lo importante en el reguetón es pronunciar las zetas como si fueran eses, aunque tú seas de Guadalajara.

En resumen, tanto la canción como el vídeo musical que nos ocupan son una sutil reinterpretación del concepto “sexy” dirigida no tanto a los varones en edad de hipertrofiarse la musculatura como a las jóvenes féminas que desean completar su formación con un grado medio de perreo en polígonos o a aquellas que tienen ambiciosas expectativas laborales en los campos del soplado de vidrio sin manos, gogó de parking y lavado de coches restregando el tetercio contra el parabrisas.

Ángel Sanchidrián.

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