Hoy os voy a contar una historia tan real como especial:

Mi interés por la musicografía braille me llevó, allá por el año 2014, a contactar con la ONCE para formarme y poder enseñar música a los ciegos. No hay mejor demostración que el propio correo que les envié en aquella época (he borrado mi presentación):

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Primer contacto con el Centro de Recursos Educativos de la ONCE

A los pocos días me contestó, muy amablemente, el responsable de la sección musical, José Luis, quien adjuntó, para mi sorpresa, un archivo con musicografía braille. Lo imprimí al momento, y empecé a a analizar las partituras, viendo la correspondencia de las partituras con las de braille.

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Respuesta a mi primer correo

Lejos de echarme atrás, mi reacción fue interesarme más y pedir más material, llegando a quedar personalmente con José Luis: me informó cómo debía darles ciertas indicaciones a los ciegos, cómo solía ser su reacción con la música debido a su enorme sensibilidad en este mundo, etc.

Tras una pausa de un año contactó conmigo la madre de una niña ciega, Valentina, para preguntarme si le podía dar clase de música, petición que acepté con mucho agrado. Es curioso, y ya le he comentado el siguiente detalle a varios amigos: cuando su madre me dio las gracias por haber aceptado ser la profesora de su hija, ya que no todo el mundo está dispuesto a aprender el sistema Braille, le respondí que las gracias se las tenía que dar yo, puesto que me considero muy afortunada por llevar a la práctica mis conocimientos y continuar avanzando y aprendiendo en todos los sentidos.

Ahora que ya os he contado lo más importante de esta bonita historia, voy a despedirme hasta la próxima publicación con fotos del material que utilizo con Valentina para enseñarle musicografía Braille. Aprovecho para agradecer a la ONCE su amabilidad con el préstamo de material.

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Tablilla para aprender Braille

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Valentina

 

 

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