Desde que tenemos constancia, dos santos han sido patronos de la música. Durante la Edad Media, San Juan Bautista y posteriormente, en el Renacimiento, Santa Cecilia.

En 1594, el papa Gregorio XIII realizó este cambio a partir de diversas traducciones, que diversos musicólogos califican de erróneas. Un claro ejemplo pertenece al episodio de su – ya de por sí – inventada passio, concretamente en el pasaje cantantibus organis illa in corde suo decantabat (mientras sonaban los instrumentos, ella cantaba a Dios en su corazón). Esta traducción se refiere al momento de la celebración de su enlace con Valeriano, haciendo alusión a los instrumentistas y bailarines. Mientras ellos interpretaban, ella internamente rogaba a Dios que la preservara virgen en su noche de bodas.

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Otro aspecto que hace plantearse la conexión con la música es la validez de algunas transcripciones; en concreto, la tesis de Pérez-Perazzo indica que la persona que realizó la trascripción “tradujo la palabra ‘órgano’ –que por aquel entonces, en el siglo III, se empleaba para referirse a una especie de fuelle, herramienta o utensilio para hacer insuflar algo, por el neologismo que nombra al instrumento musical actual que derivó del ‘hydraulis’ utilizado por los romanos para animar las festividades del circo romano”, al igual que las citadas ‘Actas del martirio’, concretamente la traducción de Candéntibus órganis Cæcilia Dómino decantábat dicens…, (‘Mientras estaba el horno al rojo vivo’) Cecilia cantaba al Señor diciendo…’. Posiblemente Santa Cecilia tuviera conocimientos musicales, puesto que en aquella época las costumbres y tradiciones de las familias patricias romanas incluían la formación musical.

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Santa Cecilia

A continuación os ofrezco unas líneas extraídas de la página web Música Antigua, en la que explican con detalle el primer caso que apunté anteriormente:

Al igual que ocurre con otros miembros de la pléyade de santos de la Antigüedad tardía, su existencia real se sostiene con hilos muy débiles. Su ‘Passio’ -las actas de su martirio con las que se deseaba perpetuar su memoria-, fue redactada a finales del siglo sexto, prácticamente cuatro centurias después de la supuesta existencia de Cecilia. De hecho, la aparición de personajes históricamente contrastados en la ‘Passio’ de Cecilia es la única pista para aventurar que existió.

Para sorpresa de muchos, del texto que narra su vida no se deduce ninguna especial relación con la música. En todo caso, Cecilia habría vivido en Roma, aproximadamente entre los años 180 y 220 después de Cristo. Su rasgo más característico habría sido la defensa de su castidad.

Nacida en el seno de una familia cristiana, Cecilia fue prometida a un joven llamado Valeriano al que en la noche de bodas le confesó que un ángel de Dios estaba enamorado de ella, por lo que tendría que respetar su virginidad para siempre. Valeriano creyó el testimonio de su esposa y en recompensa fue bautizado por el papa Urbano al tiempo que presenciaba una epifanía (una aparición divina). Un ángel de Dios ofreció al impactado Valeriano un deseo, a lo que este respondió que su pretensión era que su querido hermano Tiburcio también abrazara la fe cristiana. Oficiado de nuevo por Urbano, Tiburcio se convirtió. El final lo imaginan. Todos detenidos por las autoridades romanas. Todos martirizados tras vencer en la disputa intelectual frente a los paganos. Primero los dos hermanos, luego Cecilia, a la que el propio Urbano habría enterrado en la Via Appia, junto a muchos de los primeros papas de la cristiandad. Urbano correría idéntica suerte que los otros tres protagonistas algunos años más tarde.

Queridos músicos, sé que esperan respuestas. Con cierto pesar por su poca vistosidad, les remito la explicación hoy comúnmente aceptada. Santa Cecilia es la patrona de los músicos por un error interpretativo en la traducción de su ‘Passio’. El texto original venía a decir algo así como que Cecilia, durante la celebración de su boda, cerraba sus oídos y su corazón a la música festiva que sonaba; en ese momento su deseo era concentrarse en la oración interior, ya que consideraba que no tenía nada que festejar.

Probablemente hacia finales del siglo XIII alguien tradujo mal ese texto, desconocemos si de manera voluntaria o no. La cuestión es que aquel recogimiento de Cecilia se convirtió en alguna versión en una inexplicable muestra de jolgorio de la futura santa durante su matrimonio, donde, además de tocar un órgano, cantaba.

El papel de Santa Cecilia como patrona de la música empezaría a impulsarse hacia el siglo XIV, gracias sobre todo a las pinturas y esculturas que la empezaban a representar junto a instrumentos. Sobre la asentada fama de su culto no existía la menor duda. Sin embargo no sería canonizada hasta finales del siglo XVI.

Fuentes: Música Antigua y blog CEU Magisterio.

 

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